CALIDAD EDUCATIVA, JUVENTUD Y ELECCIONES 2026
Prof. Heli Ocaña Alejo
José
Martí
I.
¿QUÉ ENTENDEMOS
POR EDUCACIÓN?
Según la RAE, la educación se
define como la “acción y efecto de educar”, que incluye la crianza,
enseñanza o doctrina que se da a los niños, así como la instrucción a través de
la acción docente. Además, se refiere a la “formación y desarrollo de
capacidades intelectuales, morales y físicas de un individuo”
Desde
la perspectiva sociocultural, se sostiene que “la educación es una
construcción social y dinámica que no es responsabilidad únicamente de la
escuela ni tampoco de la familia; es un proceso en el que, conjuntamente y de
manera interdependiente, escuela, familia y sociedad aparecen como ejes
relevantes e imprescindibles en el mismo.” — Sabariego (2002)[1]. Es
decir, es la asimilación de la cultura humana según el contexto
histórico, el espacio y el tiempo. También se considera fruto de un proceso de
aprendizaje significativo a lo largo de la vida.
II.
PROPÓSITOS
DE LA EDUCACIÓN
En
general, el propósito de la educación es formar ciudadanos con capacidad para tomar
decisiones acertadas
y desempeñarse constructivamente en la sociedad, contribuyendo al desarrollo y
al cambio social. Una educación de calidad forma a la persona humana para ser
un sujeto dinámico y activo en la sociedad, con capacidad de involucrarse en
los asuntos públicos y resolver problemas.
Freire
nos dice que “La educación debe ser liberadora y de toma de conciencia,
para comprender la realidad y transformarla”. Nelson Mandela nos
dice: “La educación es el arma más poderosa que puedes
usar para cambiar el mundo”.
Pero para lograr estos propósitos, ¿Bastará con un sistema educativo? ¿Cuáles
son los componentes básicos de la calidad educativa? ¿Cómo influye la calidad
educativa en el comportamiento, la práctica democrática y la participación
electoral de la juventud? Por la brevedad del artículo, no será
posible responder todas las preguntas, pero citaremos algunos indicadores que
permitirán comprender el comportamiento electoral de la juventud que sufragará
por primera vez el 2026.
III. POLÍTICAS
QUE GUÍAN LA EDUCACIÓN
EL
ODS[1]
4 sostiene que al 2030 se debe “Garantizar una educación inclusiva y
equitativa de calidad y promover oportunidades de aprendizaje permanente para
todos”. La UNESCO nos recuerda que “Una educación de … calidad
siempre permitirá reflejar la naturaleza dinámica de la cultura y las lenguas,
el valor de la persona en relación con el contexto más amplio y la importancia
de vivir de manera tal que promueva la equidad en el presente y fomente un
futuro sostenible.” En la misma línea, el objetivo del PEN 2036
nos plantea tener una ciudadanía plena “…, ejerciendo responsablemente
nuestra libertad para construir proyectos personales y colectivos, conviviendo
y dialogando intergeneracional e interculturalmente en una sociedad
democrática, equitativa, igualitaria e inclusiva, que respeta y valora la
diversidad en todas sus expresiones y asegura la sostenibilidad
ambiental.” Es decir, una educación de calidad debe permitir a
la persona ejercer una ciudadanía activa, con decisiones conscientes,
involucradas en asuntos públicos, que respete la diversidad sociocultural y participe en proyectos políticos de
desarrollo local, regional y nacional.
IV. ESCUELA Y
FORMACIÓN POLÍTICA
En
líneas generales, nuestro sistema educativo forma ciudadanos apolíticos. Las
normas educativas prohíben el ejercicio político partidario en las escuelas e
incluso sancionan al docente, al extremo de que puede ser acusado de apología
al terrorismo; sin embargo, algunas prácticas, como las elecciones del
municipio escolar, la formación de comités del aula, las elecciones de los
brigadistas, etc., permiten que el estudiante, con ayuda del docente,
desarrolle un comportamiento electoral determinado. En mi experiencia cotidiana
he observado que “algunos candidatos” al municipio escolar tratan de replicar
prácticas inaceptables como repartir caramelos junto a la propaganda electoral,
ofrecer la ejecución de actividades o proyectos que no están en su capacidad de hacerlos,
etc.
V. EVALUACIÓN
DE APRENDIZAJES Y HABILIDADES SOCIALES
Para comprender mejor el logro de la competencia
ciudadana de los estudiantes, resulta interesante analizar la Evaluación
Nacional de Logros de Aprendizaje (ENLA) 2023 del área de Personal
Social. La evaluación cuyo dato se muestra en el cuadro es la medición del
logro de aprendizajes en competencias de formación ciudadana, cuidado del
ambiente y la comprensión del entorno social y geográfico de los alumnos del
2.º grado de educación secundaria. Estos datos nos ayudarán a comprender mejor
el comportamiento electoral de la juventud en las elecciones de 2026.
El resultado de la evaluación
muestra que en el año 2023 se logra un incremento de 4,8 puntos en el nivel de
satisfactorio con respecto al 2018. El 16,9 % de los estudiantes alcanzó el
aprendizaje esperado para el grado. Si vemos de arriba hacia abajo, el 83,1 %
de los estudiantes se ubican en proceso, inicio y preinicio.
Según los datos estadísticos del INEI, cada año, medio millón de jóvenes
culminan la educación secundaria, de los cuales un 17% aprox. Tendrían el nivel
de preparación esperado. Este resultado es preocupante, en la medida en que son
estos jóvenes los que inclinarán la balanza en las próximas elecciones.
VI. JUVENTUD, PERCEPCIÓN POLÍTICA
Y ELECCIONES
Según el RENIEC, el año
2026 votarán un promedio de 27 millones y medio de ciudadanos habilitados, de
los cuales 2,5 millones de jóvenes votarán por primera vez (La República
21-07-25). En este grupo estarán los alumnos egresados de la educación secundaria
entre 2022 y 2025. En esta línea, preguntamos: ¿cuál es la experticia política
y la percepción de la democracia de estos 10% de electores? ¿Cuál es su visión
de país? ¿Están conectados con el futuro del país?
VII. ELECCIONES
Y EL RETO DE LOS EDUCADORES
Si los jóvenes no
“despiertan”, nuestra democracia seguirá debilitándose, atrapada en partidos
políticos que buscan únicamente votos mediante la manipulación, en lugar de trabajar
por la formación de la conciencia ciudadana. Si los sectores democráticos y de
izquierda ceden el terreno a los medios de comunicación y a la propaganda,
corremos el riesgo de que en 2026 los mismos partidos, ya desgastados,
permanezcan en el poder defendiendo intereses mezquinos. En este escenario
complejo, los educadores tienen un papel decisivo: contribuir a la vida
política del país formando ciudadanos conscientes, capaces de pensar, decidir y
transformar la realidad. Para ello, es indispensable desarrollar competencias y
capacidades que promuevan un comportamiento democrático desde las aulas:
aprender a escuchar, educar para la libertad y formar para la acción. Educar
hoy significa resistir y resistir implica plantear alternativas con visión de
futuro. Es decir, trabajar a largo plazo.
VII. MOVILIZACIONES
Y EXPERIENCIA POLÍTICA DE LA JUVENTUD
Vale
puntualizar que las movilizaciones de la Generación Z del 2025 han emergido
como una fuerza política y social significativa; su protagonismo en las
movilizaciones recientes refleja el rechazo profundo a la clase política
tradicional y, además, también han tomado una postura respecto a la gobernanza. Los
jóvenes saben usar con mucha experticia los entornos digitales, lo que les permite
organizarse rápidamente, difundir mensajes de protesta y generar conciencia
colectiva a través de redes sociales. Las plataformas más usadas fueron TikTok,
Instagram y X, convirtiendo dichos entornos en espacios de articulación
política, porque a través de ellos se denuncian abusos, se convocan marchas y
se viralizan consignas como “Que se vayan todos”, que expresa un rechazo
transversal a las instituciones del Estado.
IX. MOVILIZACIONES
E IMPACTO POLÍTICO
Históricamente,
las movilizaciones han sido clave para la aprobación de reformas sociales. La
presión ayuda en los procesos de renovación política, a impulsar reformas
estructurales y a fortalecer la democracia participativa. La presencia activa
de la Generación Z motivó a otros sectores de la sociedad a involucrarse en
acciones directas y educarse políticamente. En el contexto de la movilización
del 2025, inicialmente denostaron a los representantes políticos, pero más
adelante invitaron a sumarse convencidos de que solo con una gran unidad se
podía lograr “que se vayan todos” y dar salida a la crisis del país. En resumen,
esta experiencia de lucha influirá positivamente en la percepción política de
los jóvenes para que vayan a las elecciones con un criterio mejor formado.
X.
A MODO DE
CONCLUSIÓN
Estamos
en un periodo de redefinición del concepto de ciudadanía activa y, sobre todo,
en la juventud. Esta no puede estar exenta de una educación de calidad ni de
una buena práctica docente. La capacidad de movilización de los jóvenes, el
dominio de las herramientas digitales, el rechazo al statu quo y la capacidad
de organización los posicionan como actores clave en la vida política que
merecen ser atendidos. Si bien los jóvenes enfrentan desafíos como la represión
estatal, la falta de espacios institucionales para canalizar sus demandas y aspiraciones
políticas, su energía y convicción los convierten en una esperanza renovadora
para el Perú, que los partidos políticos no deben descuidar si quieren
tener éxito en las próximas elecciones.
El presente artículo es la tercera edición. Las anteriores
fueron publicadas por:
Prensa Ancashina N° 197 y
Revista Quinde N° 02 de la IE San Marcos del Sur
[1] ODS
– Objetivo de Desarrollo Sostenible
[1] Bases conceptuales de la educación intercultural.
De la diversidad cultural a la cultura de la diversidad - Leiva Olivencia, J.J.













